Decálogo del buen vivir: legado y poética de Pedro Chang

Manuela López de Mesa[1]

Pescador taoísta, obra del maestro Guillermo Saa, obsequiado a Pedro Chang.

Cuando leí que “el objetivo de todo entendimiento y de toda comprensión es el acuerdo en la cosa” (Gadamer, Verdad y método, 1959), pensé en Pedro Chang. Para mí, su hermenéutica consiste en trazar nuevos puntos de fuga desde donde relanzar la vida para reconciliarnos. Eso me cautivó. Las cosas a las que Pedro Chang nos invita están más allá (y a veces más acá) que la cosa misma; se trata, entonces, de un acuerdo inédito, de la cosa que sólo es posible habiendo pasado por el fractal que es él mismo, dando paso, por ejemplo, a inventar El otro lado de las cosas (1989), donde la valentía es el consejo que la nada tiene para el vacío.

Si bien esto de inventar es lo propio del acto creativo, ahora puedo decir que lo propio de Pedro Chang pasa, para mí, por el distingo que le da a su obra la familiaridad que caracteriza su trazo sencillo, el humor que lo orientó por caminos optimistas y, sobre todo, por la coherencia de vivir según su propia poética, tal y como me lo permitieron conocer quienes le rindieron homenaje el pasado 30 de septiembre en la Universidad del Valle. El poema: El otro amanecer, escrito en 1996, también da cuenta de ello.

Dicho poema se me impuso atemporal y universal, tan vigente hoy como cuando empezamos a usar nombres para vestirnos de persona, quedando enajenados en la frenética carrera de ser más que el yo al que Pedro Chang proclama en este poema, de la forma más afable y más hermosa que mejor expresaría el ser contestatario que, al parecer por sus allegados, caracterizó al autor. En este poema, nos regala una conmovedora oda a lo esencial: la pausa, los encuentros, la sensualidad, y el deseo como causa para enlazarse con la vida.

En algún lugar
de mi remoto yo,
en ese lugar olvidado,
están los verdaderos
tesoros escondidos.

Pedro Chang, El otro amanecer (fragmento)

La misma posibilidad que nos ofrece este poema para la reivindicación de una poética de lo cotidiano, como punto de partida para el buen vivir, es la que Pedro Chang hace aparecer una y otra vez en su legado. El mismo que visionó una Cali sin falta y le presupone felicidad a la Navidad, con el jingle que pasó a nuestra historia como marcador de tiempo siendo un susurro atmosférico que a todos sintoniza (aun siendo un contraste crudo con la realidad de muchos), es el hombre que ha dejado, también como legado, marcas románticas en las personas a quienes tocó, marcas que invitan a la confianza y a compartir como actos de transgresión y a pensar que en un mundo regido por el capital vale más encontrarse en el amanecer de un nuevo día, vale más inventar sentidos, vale más asumir la diferencia como complementariedad, vale más la amistad. Ese fue Pedro Chang, alguien capaz de creer.  

Poema El otro amanecer de Pedro Chang, afiche conmemorativo para la exposición y homenaje.

[1] Psicóloga graduada de la Pontificia Universidad Javeriana.

Edición No 5