Pío García[1]
Para un país de desarrollo medio como Colombia, una relación fluida y transparente con China es deseable y debe estar construida sobre planes de mediano y largo plazo. En buen momento, la administración de Gustavo Petro logró conjurar uno de los tabúes que ensombrecieron hasta ahora el trato con el gigante asiático, cual era el prurito de los vínculos intocables con Estados Unidos. Sin desconocer el peso de los nexos con máximo poder continental y mundial, estrechar los lazos con la potencia contrincante es posible y rentable.
Bien sabemos que en el trato de Estados Unidos hacia Colombia han primado los intereses imperialistas de la Casa Blanca que, después de vivir renuente a competir con el imperialismo británico, en cuanto tuvo la oportunidad de desplazar a la potencia europea, se propuso someter al resto del mundo a sus planes y ambiciones. La guerra fría contra el bloque soviético disparó aún más la avidez con que empezó el siglo XX, con sus posesiones en Filipinas, Cuba y Panamá. La contienda con los soviéticos acentuó un cinismo sin igual en la escalada de intervenciones, golpes militares y sanciones, que no cesan al día de hoy.

El ascenso chino no es menos reprobado y vetado por Estados Unidos. La más reciente estrategia del Pentágono está diseñada de manera directa y abierta para contener a China en el plano militar y asfixiarla en el económico. La Estrategia del Indopacífico, publicada por la Casa Blanca en febrero de 2022, prevé el doble plan de inversiones para el desarrollo económico y la paulatina creación de una alianza indopacífica, gemela de la OTAN, entidad con la que controla Europa, Asia occidental y norte de África, por ahora.
En el orden económico, desde la administración Obama, contrarrestar a China se convirtió en obsesión. Donald Trump se deshizo de los compromisos grupales, como el acuerdo Transpacífico, para confrontar a Beijing cual llanero solitario. Biden volvió a comprometer a sus subalternos del G7 y la OTAN en el delirante “choque de civilizaciones”. En efecto, en la cumbre del grupo en Cornwall, Inglaterra, en 2021, Washington presentó el plan B3W: Build Back Better, que contemplaba inversiones por encima de los 40 billones de dólares en proyectos de infraestructura en el Indopacífico. La apuesta aludía en forma clara al proyecto que China venía poniendo en marcha desde 2013 bajo el nombre de la Franja y la Ruta, o la nueva Ruta de la Seda.

En el orden estratégico, el dominio militar de Estados Unidos sobre el resto del mundo encuentra en China su mayor contrapeso y, frente al país asiático, se enfila desde el comienzo del siglo XXI el mayor esfuerzo presupuestal en defensa. El propósito es urdir una doble alianza con Inglaterra y Australia, conocida como AUKUS, y el QUAD, constituido con el apoyo de Australia, Japón e India. El primero es un pacto de alto beneficio por medio del cual los estadounidenses comprometieron a los australianos en la adquisición de una flota de submarinos nucleares por un valor de 368 mil millones de dólares, en detrimento del contrato que tenían con Francia. El programa cubre tres décadas, durante las cuales tanto Estados Unidos como Inglaterra harán transferencia de tecnología para fortalecer las capacidades de producción de armas de su nuevo cliente (Hurst y Borger, 2023).
Como parte del despliegue ofensivo, los ejercicios militares conjuntos con Japón, India, Australia y Singapur se iniciaron en 2007. Se trata de operativos navales que soportan el programa del Indopacífico Libre y Abierto acogido por el diálogo QUAD. Los cuatro miembros centrales de la alianza en potencia, Estados Unidos, Japón, Australia e India, se esmeran por asociar otros países en defensa colectiva ante la “amenaza” china. Por ahora, participan Singapur, Indonesia, Corea del Sur y Filipinas, cuyos desencuentros con Beijing los hacen susceptibles de convertirlos en aliados permanentes antichinos.

Obviamente, la dirigencia china se opone con vehemencia a la creación de un frente militar en su contra y a los entrenamientos militares en espacios colindantes a su territorio. Como resultado de esas críticas, los simulacros Malabar fueron suspendidos hasta 2017, cuando se retomaron de nuevo. En cuanto objeto de sanciones y objetivo militar declarado, China se afirma en tres grandes medidas: mejoramiento de la defensa, el desarrollo económico y la integración regional asiática y la defensa del multilateralismo, es decir de la ONU. En el campo militar, con 225 mil millones de dólares, China tiene el segundo mayor presupuesto del mundo, equivalente a la tercera parte del estadounidense. El mejoramiento en defensa comprende elevar la seguridad aeroespacial, renovar el equipo e intensificar la disciplina de las tropas (Xinhuanet, 2023).
En el campo de la integración regional asiática, la columna vertebral de la misma es la iniciativa de la Franja y la Ruta, con resultados visibles. En los diez primeros años del programa, el comercio con los países cercanos del sudeste asiático se duplicó. El continente asiático es el principal beneficiario de la iniciativa que comprendía 137 proyectos a 2021. Ese año, la línea férrea de 1000 kilómetros entre China y Laos, a un costo de seis mil millones de dólares, fue inaugurada (Lim, 2023). A 2023, 148 países habían suscrito el acuerdo con la iniciativa china, cuyos contratos de construcción alcanzaban 596 mil millones de dólares y las inversiones no financieras 418 mil millones (Wang, 2023).

En la dimensión política, en contraposición a la nueva fase hegemónica estadounidense con centro en el Indopacífico, en febrero de 2023, el gobierno chino le presentó a la comunidad internacional su iniciativa de seguridad global, diseñada para ofrecer bienestar, paz y desarrollo a todos los países. La iniciativa está estructurada sobre seis conceptos y principios:
- una visión común, amplia, cooperativa y sostenible de seguridad,
- respeto a la soberanía e integridad del territorio de todos los países,
- adhesión a la Carta de las Naciones Unidas,
- compromiso serio con la legítima seguridad de todos los países,
- resolución pacífica de las diferencias entre los países mediante el diálogo y las consultas,
- preservación de la seguridad tradicional y no tradicional (Ministry of Foreign Affairs of the People’s Republic of China, 2023).
Como vemos, en su empeño por hallar una vía alternativa a la confrontación de nuevos bloques de poder, el Gobierno chino reitera los principios de coexistencia pacífica, el derecho a la soberanía e integridad territorial, el derecho a la cooperación e integración dentro de las regiones y entre ellas y un respaldo decidido al papel de la ONU. Posterior a la fase maoísta, desde 1978, China se abrió al mundo y cada día se compromete más en la construcción de un sistema internacional pacífico e incluyente (García, 2019).
Este contexto es fundamental para entender las opciones de relacionamiento constructivo con Asia (García, 2022) y, particularmente, con China. La administración Petro acarició un esquema de cooperación con Beijing que profundiza el ingreso paulatino de las empresas chinas al país. En menos de 2 décadas, desde el año 2000, China escaló al segundo lugar como socio comercial de Colombia, solo precedido de Estados Unidos. A 2022, las importaciones colombianas desde ese país superaban los dieciséis mil millones de dólares, con exportaciones por diez millones. Al mismo tiempo, los contratos de infraestructura del metro de Bogotá y el tren de cercanías, entre otros, les abrían espacio a los consorcios China Harbour Engineering Co., Xi’an Transit Group y China Civil Engineering Construction Corporation. Estas actividades se suman a las inversiones en minería e hidrocarburos. Entre 2005 y 2022, tales operaciones sumaron 7.470 millones de dólares (Nicholls, 2023).

Dados los intereses económicos mutuos, ampliar la agenda económica con China es vital para Colombia, por tratarse de un mercado extenso y dinámico. Es amplio el espectro en acuerdos comerciales preferenciales para agregar la oferta agroindustrial a la ya tradicional venta de hidrocarburos y metales. Asimismo, los recursos financieros y de cooperación técnica son susceptibles de multiplicarse, en beneficio de la renovación productiva que Colombia aún no logra implementar.
Ahora bien, tales objetivos requieren un impulso político que avanza con lentitud. Tener en Beijing a un experto en asuntos chinos, con dominio del idioma y altos contactos burocráticos, como Sergio Cabrera, fue una carta crucial de la diplomacia Petro. Sin embargo, la visita del presidente colombiano en octubre de 2023 al parecer no rindió todos los frutos esperados. Los doce acuerdos firmados en diversas formas de cooperación para facilitar el comercio, la movilidad estudiantil, la transferencia de tecnología y el turismo estimularán el intercambio entre ambos países en los próximos años, pero es necesario activar una agenda mucho más densa.
Al respecto, hace falta auspiciar una negociación más sólida para lograr, por lo menos, suscribir dos acuerdos bilaterales que enmarquen la relación robusta entre ambos países. Se trata del ingreso de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta por medio de la suscripción del memorando de entendimiento para tal fin, así como el acuerdo para la asociación estratégica integral, estatus que poseen ya Brasil, México, Argentina, Perú, Chile, Costa Rica, Ecuador y Bolivia. Para ninguno de los dos, el papel de Estados Unidos tendría que ser considerado como interferencia, pues no toca los hilos sensibles con Washington como son la defensa, las drogas y la migración irregular.

Cooperación, pragmatismo y defensa de la ONU son los puntales de la proyección global china, y no es esto una romantización de ese país o de su gobierno. Contraria a la vía de sujeción militar estadounidense con 800 bases en el planeta, China solo cuenta con la base en Yibuti, donde también hay ejércitos de Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania y España, para combatir la piratería en el Golfo de Adén. En esa línea de conducta, en las relaciones con América Latina priman los intereses económicos, sin pretensión de fomentar contrapesos estratégicos a Estados Unidos dentro de su área de influencia.
Salvado el obstáculo estratégico, es decir que la competencia con los estadounidenses no viene al caso, para el liderazgo regional y global que Colombia puede cumplir, el Gobierno chino es un aliado fundamental. En el orden regional, la plataforma está dispuesta: se trata de CELAC, la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, el mecanismo de concertación que ha permitido el diálogo y la formulación de programas de cooperación con China y la Comunidad Europea, especialmente. Revisar y actualizar los programas en marcha en la cumbre de 2024 será una ocasión privilegiada para mantener una cohesión entre los países latinoamericanos y caribeños.
Además de la gestión colombiana en CELAC para garantizar la realización efectiva de los compromisos con China, nuestro gobierno puede considerar de manera muy favorable el ingreso a BRICS, el mecanismo de acción conjunta de las economías emergentes que buscan equilibrar el juego global del poder económico y político. En oposición al desdén del G7, el grupo BRICS aboga por el fortalecimiento de Naciones Unidas, empezando por la reforma del Consejo de Seguridad.

Y es precisamente en las diversas instancias de la ONU donde Colombia está llamado a promover la coordinación con China. Allí, GRULAC, el Grupo de América Latina y el Caribe, es uno de los mecanismos de concertación previa sobre los asuntos puestos a la deliberación y votación en la Asamblea General. Todos los Objetivos del Desarrollo Sostenible se convirtieron en una tarea que no aguarda más aplazamientos. El sistema internacional está estrangulado por las medidas unilaterales de Estados Unidos y sus aliados del G7 y la OTAN. La comunidad mundial sufre las consecuencias, sin mayores opciones de modificación, dado el desbalance de poder. Rescatar las negociaciones y los compromisos multilaterales es la única alternativa razonable y la mayoría de los Estados lo perciben así. Entre las potencias grandes, China es un abanderado del diálogo y la concertación, y Colombia reúne las condiciones para ser un aliado prominente de esa causa.
Las credenciales colombianas que le permiten al país un juego destacado en el sistema internacional son su ubicación geográfica, las capacidades productivas, el capital humano e institucional y el azaroso, pero sostenido, proceso de paz. Apostarle al bienestar global en coexistencia pacífica, alejado de las arbitrariedades hegemónicas, está ahora en el sentir nacional. Carta preponderante de esa baraja es China.
Referencias
García, P. (10 de diciembre de 2019). ¿Por qué China es tan importante hoy día? Obtenido de https://confidencialnoticias.com/opinion/china-tan-importante-hoy-dia/2019/12/10/.
García, P. (2022). Asia siglo XXI: oportunidad para diversificar la política exterior colombiana. CS, (37), 17-36.
Hurst, D. y Borger, J. (13 de marzo de 2023). Aukus: nuclear submarines deal will cost Australia up to $368bn. Obtenido de https://www.theguardian.com/world/2023/mar/14/aukus-nuclear-submarines-australia-commits-substantial-funds-into-expanding-us-shipbuilding-capacity.
Lim, P. (15 de octubre de 2023). China’s Trade Grows in SE Asia Under BRI, as Do Concerns. Obtenido de https://www.voanews.com/a/china-trade-grows-in-se-asia-under-bri-as-do-concerns/7311995.html.
Nicholls, S. (3 de julio de 2023). China y su apuesta por Colombia, buscando su “siglo de oro” en Latinoamérica. Obtenido de https://dialogo-americas.com/es/articles/china-y-su-apuesta-por-colombia-buscando-su-siglo-de-oro-en-latinoamerica/.
Wang, C. (1.° de agosto de 2023). China Belt and Road Initiative (BRI) Investment Report 2023 H1. Obtenido de https://greenfdc.org/china-be ChinaDaily 2 lt-and-road-initiative-bri-investment-report-2023-h1/.
Xinhuanet. (30 de julio de 2023). Xi Focus: Xi stresses boosting armed forces’ modernization in PLA Western Theater Command inspection. Obtenido de https://english.news.cn/20230730/186c3f25e76b41c9bec5168f105605b9/c.html.
[1] Profesor de la Universidad Externado de Colombia. Es doctor en Filosofía y especialista en la cultura y la geopolítica de Asia, es autor de El regreso del dragón: geopolítica de Asia y el Pacífico (2001), Geopolítica del siglo XXI: el factor asiático (2015), Confucian Global Governance (2015), Globalización y regiones: el diálogo Asia-América Latina y el Caribe (2018). Otra globalización: hacia una gobernanza política multilateral (2021). Es docente e investigador del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) – Universidad Externado de Colombia.



