Investigación, educación y oportunidades de investigación en China

Investigación, educación y oportunidades de investigación en China


INVESTIGACIÓN, EDUCACIÓN Y OPORTUNIDADES DE INVESTIGACIÓN EN CHINA

Mi experiencia como científico en cuatro continentes en medio de la coyuntura geopolítica de las últimas décadas”.

Sergio Andrés Galindo Torres [1]


En 2009 comencé mi trabajo como investigador posdoctoral en la Universidad de Queensland en Australia. Dicha posición la obtuve por una combinación de suerte y disposición. Aun cuando mi doctorado fue en física computacional, mi posdoctorado era en ingeniería civil y ambiental, un cambio radical en mi área de investigación, o al menos así lo pensé en ese momento. Mi supervisor y mentor fue el profesor Ling Li, un hombre brillante de origen chino que amaba la aplicación de la física más fundamental, y que había desarrollado ecuaciones predictivas de gran utilidad para los que trabajan en su campo de especialidad de aguas subterráneas. Por esta razón él esperaba trabajar con un investigador con una formación como la mía. Era la primera vez que trabajaba con un chino y desde ese momento empecé a ver a aquella nación con otros ojos. La ética de su trabajo, la forma como enfocaba los difíciles problemas a los que nos enfrentábamos, y el buen trato que tenía para con las personas a su cargo, investigadores y estudiantes, me hicieron sentir una profunda admiración por él y por la nación que producía profesionales de ese calibre. No me imaginaba que pocos años más tarde estaría enseñando e investigando en una de las universidades de ciencias más vanguardistas de China. 

Una relación simbiótica

Recordarán que en el 2008 se vivía una recesión económica mundial por cuenta de la crisis inmobiliaria en Estados Unidos. Mientras las noticias llegaban de cómo los países occidentales sufrían recesiones, que en algunos casos como Grecia o España aún no se recuperan, Australia parecía estar blindada contra esos efectos. Ser investigador posdoctoral siempre conlleva un riesgo ya que el salario depende de la disponibilidad de fondos de investigación, y dichos fondos son lo primero que los gobiernos sacrifican en una crisis. Pero en nuestra universidad, y en otras universidades australianas, lo peor nunca pasó. De hecho, los fondos de investigación aumentaron en un área en particular: las ciencias mineras. De nuevo, gracias a un golpe de suerte, pude incursionar en esa área en que la física fundamental es necesaria para entender y predecir los riesgos ambientales, económicos y de vida de la actividad minera. Gracias a ello, pude obtener fondos de investigación de forma independiente y fui contratado como profesor asistente en la facultad de matemáticas de la misma universidad. 

En mi nuevo rol, comencé a trabajar de cerca con compañías mineras australianas y ahí entendí el secreto de la bonanza australiana: el increíble cliente que tenían era la nación china. Mientras la crisis económica devastaba las economías de países como Estados Unidos, China continuaba en su tendencia al alza. Desde 1979, China, con su política de Reforma y Apertura, se convirtió en la fábrica del mundo, y para ello necesitaba materias primas. Metales raros para productos electrónicos y carbón para alimentar sus plantas termoeléctricas, todo era vendido a muy buenos precios por Australia.  Fue una relación simbiótica que benefició a ambos países mientras duró.

Con ese poder económico, los chinos comenzaron a ser cada vez más influyentes en los asuntos australianos. Chinos muy ricos, y no tan ricos, iban con dinero en efectivo a Australia a comprar finca raíz, disparando los precios y creando verdaderas crisis inmobiliarias para los locales. Las universidades nos presionaban a tener relaciones más cercanas con el sector académico chino para reclutar estudiantes, que pagaban matricula a precios considerablemente más altos que los australianos, y además para poder acceder a los generosos fondos de investigación que China ofrecía para fomentar la colaboración en ciencia. Yo tomé parte en algunos proyectos colaborativos con universidades chinas, y comencé a visitar esté país en el 2015.

El profesor Galindo con su grupo de estudiantes de la Universidad Xihu (West Lake).
Fotografías cortesía del autor

Un cambio vertiginoso

La primera vez que vine a China me asignaron un estudiante doctoral de nombre Pei Zhang como chaperón y traductor para acompañarme por la ciudad en mi día a día. Co-supervisé su tesis de doctorado y se convirtió en uno de mis mejores pupilos, demostrándome de nuevo la capacidad de los chinos en mi área de investigación. Cada año que visitaba China algo nuevo encontraba. Los primeros cambios fueron en transporte público, con metros envidiables y muy confortables. Después los trenes bala para viajar a otras ciudades en tiempo récord, maravillas de la ingeniería que siempre han sido mi pasión. Hacia el 2018 ya existían las aplicaciones Alipay y Wechat que permitían pagar con el celular hasta por un dulce al vendedor de la calle. Las estadísticas oficiales decían que 800 millones de personas habían pasado de ser pobres a ser clase media en China en cuestión de 20 años. En general soy escéptico de estadísticas oficiales, pero era fácil ver con cada visita que la gente mejoraba su nivel de vida a un ritmo notable. Recuerdo una vez que le mostré una foto mía de cuando era niño a Pei y él, para mi gran sorpresa, me dijo que no tenía una porque su familia en esa época no podía pagar una cámara fotográfica, y que eso era común en la clase media de su generación. China era en ese entonces mucho más pobre que Colombia, una situación que cambiaría en tan solo tres décadas. 

El rápido crecimiento económico ha causado desastres en el medio ambiente. Beijing y Shanghai llegaron a ser las ciudades más contaminadas del mundo. El mal manejo de metales pesados en la producción desató verdaderas catástrofes en los recursos hídricos. De nuevo, me introduje en esta área de investigación debido a la necesidad de la física fundamental. Problemas como el transporte de agentes tóxicos en el agua subterránea o la compleja dinámica del agua dulce cuando se mezcla con el agua salina son basados en conceptos de física que son bien conocidos, pero que solo hasta ahora, gracias a la física computacional, se pueden aplicar a problemas reales en ingeniería. Antes del uso de computadores, las ecuaciones físicas que describían estos procesos eran muy difíciles de solucionar, y cuando se podían obtener soluciones, eran para situaciones muy ideales y con poca aplicación.

Gracias a los computadores, estas ecuaciones, antes complicadas, ahora se pueden usar a toda su capacidad para entender y predecir problemas muy reales como los anteriormente descritos, en los contextos necesarios en la ingeniería. Gracias a mi trabajo en esta área, he sido testigo de los esfuerzos para reducir el impacto ambiental de las actividades económicas en China. De nuevo con admiración vi como las políticas ambientales son decretadas por intereses científicos y no políticos. La crisis de cambio climático, que todavía se debate políticamente en occidente, aquí es tomada como una verdad científica. Debido a su gran población, China es actualmente al mayor productor de gases de invernadero del mundo, pero es de los más bajos cuando se hace el cálculo per cápita. Planes se desarrollan en estos momentos para crear energías renovables a larga escala. Por ejemplo, en el 2021 uno de los grandes experimentos conducidos en China fue en el reactor experimental de ingeniería de fusión (CFETR por sus siglas en inglés). Reactores de energía de fusión prometen energía limpia y abundante sin huellas de carbono, lo que podría ser una gran solución para prevenir el aumento de la temperatura global. En este experimento, un campo magnético muy fuerte es aplicado para aumentar las posibilidades de fusión de átomos existentes en un cuerpo de plasma supercaliente. Para que átomos de hidrogeno se fusionen en átomos de helio se necesita de una fuerza que aumente la temperatura del gas de átomos a más de 100 millones de grados centígrados, con el objetivo de que los átomos tengan suficiente energía para superar la repulsión eléctrica de sus protones. Nuestro sol, el reactor de fusión natural que da el 100% de la energía en nuestro planeta, utiliza su masiva fuerza de gravedad para aumentar la presión del gas de hidrogeno y por tanto su temperatura. En nuestro planeta, donde no podemos disponer de una gravedad tan intensa, se pueden usar fuerzas magnéticas para lograr el mismo efecto. El experimento que se realizó en diciembre de 2020 efectivamente logró calentar hidrógeno en forma de plasma a esas temperaturas.  Mas allá de la ciencia, también existen iniciativas políticas para reducir el aumento del cambio climático como, por ejemplo, planes masivos para pasar de automóviles a base de gasolina a los eléctricos, con beneficios tributarios y fondos de investigación para los que desarrollen esas tecnologías (China tiene el 44% de todos los vehículos eléctricos del mundo (más de 4,5 millones), ver Pew Research Center). En general veo buenas intenciones e ideas que espero sigan implementándose para beneficio ambiental del país y del mundo.

Impartiendo clase en un taller de la universidad

La Universidad de Westlake

En el 2018 me encontraba en el Reino Unido, donde había aceptado una oferta como profesor asociado en la facultad de Ingeniería Civil de la Universidad de Liverpool. No fue mayor sorpresa al ver que también en la academia británica la influencia china se sentía. De nuevo las universidades tenían una proporción alta de estudiantes chinos que pagaban entre tres y cuatro veces lo de un estudiante británico. La necesidad de las universidades de atraer estudiantes extranjeros contrastaba con un sentimiento generalizado de controlar más la inmigración en la época donde apenas se había aceptado el Brexit. Los efectos económicos se comenzaron a sentir en ese año y continuaron en el 2019. Como mencioné anteriormente, los gobiernos con cuentas apretadas lo primero que sacrifican es la inversión en ciencia y como académico británico así lo sentí. Una posición académica como la que tenía en Inglaterra es bastante estable, pero irónicamente no me sentía bien. Entonces escuché sobre la Universidad de Westlake, una nueva universidad en China que prometía un muy buen prospecto que me aseguraba más fondos de investigación que los que tenía en Inglaterra. Preparé mis documentos con dedicación, realmente quería la oportunidad de este trabajo. La entrevista fue amena. Una reflexión para los que estén en esa situación: si durante la entrevista se pasa de las preguntas comunes a discutir proyectos de investigación conjunta, eso quiere decir que a usted ya lo aceptaron. Renuncié a mi trabajo en Liverpool y me arriesgué por perseguir mis ideas en un país que, aunque respeto muchísimo, también me producía temor por las dificultades relacionadas con la barrera cultural y de lenguaje. 

La Universidad de Westlake es una universidad privada fundada por el académico Shi Yigong junto con otras personalidades del campo de las ciencias. Su principal objetivo es ofrecer una alternativa al modelo chino tradicional de educación superior. Mientras que las universidades chinas son enormes, con múltiples académicos trabajando en temas similares, Westlake planea mantenerse pequeña, fomentando más un pensamiento paralelo de investigación. Es decir, cada uno de nosotros como académicos somos los únicos en nuestro campo y ese campo debe ser no tradicional. Para alguien como yo, quien comenzó como físico, después profesor de matemáticas y de ingeniería civil y ahora con interés por temas ambientales, la Universidad de Westlake me permite una oportunidad como investigador que ninguna otra universidad me ofrece. Westlake también fomenta una cultura mas igualitaria entre los académicos. Aquí buscan marcar una diferencia con los grupos de investigación chinos donde usualmente un profesor principal controla a otros profesores de rangos bajos. La financiación de la universidad es principalmente proveniente de donaciones privadas. Muchos de los donantes son personas adineradas, pero otros no tanto. Que emocionante es ver a particulares invirtiendo en investigación en lugar de darse otro lujo, otro Ferrari, otra casa en Australia, etc. Los chinos tienen un gran respeto por la educación, esta no es una cultura de querer hacer dinero fácil. 

Westlake es un experimento en ciencia, así como social, y el gobierno nos ve con interés para ver si ese modelo se puede generalizar. La experimentación en modelos de administración gubernamental es algo que está bien establecido en la burocracia china, en la que la ideología predominante es el pragmatismo. Si nuestro experimento funciona, más provincias podrán tener universidades como Westlake. Si no, tendré que buscar trabajo en unos años, pero puedo decir que habrá valido la pena. Hasta ahora me siento bien de lo que he logrado en mi campo y los proyectos de mis estudiantes, sé que cuando esté en la última etapa de mi vida miraré con orgullo el tiempo que pasé aquí en Hangzhou. 

Algo que vale la pena compartir es que este año, cuando tuve la oportunidad de recibir estudiantes de doctorado, compartí la información de las becas con mis colegas colombianos esperando a que alguien se postulara. Para mi sorpresa nadie lo hizo, así que quiero invitarles a que conozcan más de la universidad y de las oportunidades que existen aquí para investigar en ciencias.

En un jardín de la universidad

La ciencia y nuestro futuro

La ciencia es el nuevo campo de competencia entre Estados Unidos y China, como en su momento lo fue con la Unión Soviética. Westlake es solo un carácter menor en este drama, pero su existencia se debe a la actual situación geopolítica. Antes el sueño de los padres chinos era que sus hijos lograran estudiar en occidente, ahora tienen más opciones gracias a que el gobierno y el sector privado están invirtiendo para tener universidades de reputación internacional en su propia tierra. Estados Unidos en la era Trump tomó políticas muy controvertidas que obstaculizaron la colaboración entre las academias americana y china, cambiando así la actitud de los chinos sobre querer estudiar en el exterior. Probablemente ahora con Biden se normalizarán las cosas. La ciencia necesita colaboración e intercambio para florecer. Pero la desconfianza entre los dos países es tan arraigada que puede ser demasiado optimista pensar que volveremos a la situación de hace unos años. Es mi opinión que la competencia entre los dos países es buena, desde que sea pacífica. Veo con mucho agrado que debido a las inversiones que China ha hecho en África, ahora también Estados Unidos pone sus ojos en esa región olvidada. Ojalá pase lo mismo con nuestros países en Suramérica. 

Desde la caída de la Unión Soviética, los Estados Unidos han sido el indiscutible superpoder mundial. No creo que eso sea bueno para la humanidad, solo la competencia nos ayuda a mejorar. Que nunca, eso sí, se dé una guerra, eso sería un escenario apocalíptico. Que la competencia se dé en ciencia, en diplomacia, en soluciones a las crisis de la humanidad como el cambio climático y en deportes (como la excitante rivalidad en los pasados juegos olímpicos Tokio 2020). Que los dos países siempre intenten mostrar lo mejor de ellos a la comunidad internacional. Si la pasada rivalidad con la Unión Soviética nos dio los primeros cosmonautas y el primer alunizaje de una persona, que esta nueva época de competencia nos lleve a Marte y a un modelo económico mas sostenible y amigable con el medio ambiente.


[1] Profesor Universidad Westlake en Hangzhou. PhD en física computacional de la Universidad Nacional de Colombia. Su campo de investigación abarca análisis de procesos complejos en disciplinas como la ingeniería civil, minera y ambiental.

[2] Today’s electric vehicle market: Slow growth in U.S., faster in China, Europe.
https://www.pewresearch.org/fact-tank/2021/06/07/todays-electric-vehicle-market-slow-growth-in-u-s-faster-in-china-europe/

[3] Universidad de Westlake, https://en.wikipedia.org/wiki/Westlake_University

[4] Shi Yigong, https://en.wikipedia.org/wiki/Shi_Yigong