Mi “primo” Pedro Chang, el genio de da comunicación

Pilar Hung[1]

Foto: Alejandro Valdés, La Palabra, 1993
Foto: Alejandro Valdés, La Palabra, 1993

Conocí a Pedro en la década del ochenta. La vida se ha encargado de permitirme estar en el momento indicado y con los personajes indicados. Me considero una afortunada en ese sentido. Y con Pedro no fue la excepción.

Ingresé a Radio Super de Cali cuando apenas cursaba el tercer semestre de Comunicación Social en la Universidad del Valle. Fueron mis primeras prácticas en el periodismo. Y fue allí, cuando ejerciendo mi oficio conocí a tres personajes que fueron para mí un gran apoyo e impulso en estos primeros pasos que daba en el periodismo: Humberto Pava Camelo, “Pepino” Sangiovanni y Pedro Chang.

Humberto Pava Camelo era periodista propietario de Radio Súper, quien años después se convertiría en mi esposo y padre de mis dos hijos. “Pepino” Sangiovanni era presidente en ese entonces del equipo América de Cali y además presidente de Café Águila Roja (yo que no veía fútbol, desde entonces me convertí en una gran hincha del América y hasta hoy solo tomo café Águila Roja). Y Pedro Chang era el gran genio publicista. Por esa época, eran todos tres buenos amigos con intereses comunes, que se frecuentaban. Tres líderes en sus respectivos campos, de quienes aprendí mucho. Tres seres humanos muy especiales, talentosos y respetuosos.

No recuerdo cómo, pero entre idas y venidas, en el día a día de la emisora, terminé interactuando con ellos. Seguramente por mi corta edad y mi total inexperiencia, y también de pronto por ese deseo que se me brotaba por los poros de querer convertirme en una gran periodista, sentí que de manera espontánea ellos empezaron a brindarme su protección. Y prácticamente se convirtieron en mis padrinos. (¡Qué afortunada!).

Con Pedro, quizás porque yo también venia de la Universidad del Valle, lugar donde él había estudiado filosofía y letras, y por la coincidencia de que ambos llevábamos apellidos chinos y de que descendíamos de migrantes que llegaron a Colombia desde ese país tan lejano buscando nuevas oportunidades, se formó un vínculo fraternal. Bromeábamos diciéndole a la gente que éramos primos. Y así nos saludábamos.

En el gremio, a mí me conocían como la Chinita y a Pedro le llamaban el chino Chang. Y del Pedro Chang publicista que me presentaron en la emisora, empecé a conocer nuevas facetas que me ayudaron a saber un poco más de este personaje con genialidad asombrosa, que era un poco enigmático para mucha gente y fuera de lo común.

Isadora, Tenías razón, 1976
Isadora, Tenías razón, 1976

Descubrí entonces al poeta, al escritor, al gran lector y al compositor. Me di cuenta de que para Pedro ser publicista era su manera de ganar dinero, pero lo demás, la poesía, la escritura, la lectura eran su mejor manera de soñar y de alimentar su alma.

No pocas veces tuve la fortuna, en su oficina de la agencia publicitaria, de que me leyera fragmentos de cosas que había escrito y se sentía orgulloso de haberlas escrito. Era un creador permanente; su cerebro siempre estaba en función de expresarse, de dejar salir todo lo que le estaba dando vueltas.

Hablaba de la vida como si fuera un hombre que llevara mil años viviendo. Sus palabras siempre dejaban enseñanzas, y transmitía en cada frase seguridad y experiencia. Disfrutaba hablando de los libros que había leído, y creo que de ellos se alimentaba para darle vuelo a su gran creatividad. Recuerdo mucho su reverencia a Rayuela, a la Maga y a Julio Cortázar.

Con Pedro se podía hablar de todo, porque sabía de todo. Conversar con Pedro no solo era un placer, ya que era un gran conversador, de esos que hasta cuando guardan silencio están hablando. Además, admiraba su gran capacidad de escuchar. Capacidad cada vez más escasa en este mundo.

Fuente: Archivo Pedro Chang, cortesía familia Chang Saavedra.
Fuente: Archivo Pedro Chang, cortesía familia Chang Saavedra.

También, aunque casi siempre la gente lo veía muy serio, reflexivo y callado, era gracioso y dueño de un buen sentido del humor. Recuerdo su risa, que lo hacía parecer más chino de lo que ya era.

Me apoyó mucho no solo con patrocinios publicitarios de los productos que su agencia manejaba, me impulsó para que tuviera mi propia sección en el noticiero, con análisis de los hechos que ocurrían o columnas radiales en las que expresaba mi opinión.

Siempre lo sentí cerca, como ese gran primo que siempre fue, apoyando mis avances y dándome consejos para que, en mi carrera, buscara siempre ser diferente a los demás. Él era bueno en eso; por ello, sus campañas siempre llamaron la atención, convirtiéndose en éxitos que aún hoy recuerda la gente. El ingenio fue su gran fortaleza.

Pedro siempre supo que era diferente a los demás, sin creerse superior o sin ser arrogante; decía lo que tenía que decir a sus clientes y convencía; sabía en el fondo el gran potencial que tenía y creía mucho en sus capacidades.

Nunca lo oí hablar mal de nadie, no gastaba su tiempo en eso y tampoco —aunque a veces se quedaba muy serio— lo llegué a ver de mal genio. Creo que vivía en paz con él y con el resto del mundo.

Fuente: Archivo Pedro Chang, cortesía familia Chang Saavedra.
Fuente: Archivo Pedro Chang, cortesía familia Chang Saavedra.

Nunca necesitó alzar la voz para que su voz se escuchara. Y así, sereno y con una mirada que parecía ocultar muchas cosas, se convirtió en el publicista respetado y admirado por todos. Era en ese momento el Midas de la publicidad. Sabía exactamente qué decir y cómo decirlo, sin necesidad de muchas palabras. (Esa misma mirada de Pedro, a veces la encuentro en su hijo Julián, convertido hoy en un muy buen escritor).

Por eso nunca me sorprendieron todos los éxitos que fue alcanzando con su Grupo Publicitario; yo estaba segura de que toda campaña que llegara a sus manos iba a ser un rotundo éxito, como finalmente lo era.

Recibe el Premio India Catalina. Fuente: Archivo Pedro Chang, cortesía familia Chang Saavedra.
Recibe el Premio India Catalina. Fuente: Archivo Pedro Chang, cortesía familia Chang Saavedra.

Recuerdo que, cuando pasé a la televisión, hice para el Noticiero Nacional un informe sobre un investigador universitario que había descubierto en el laboratorio las grandes propiedades —muchas afrodisiacas— de una fruta que por entonces nadie conocía, pero que por sus bondades era casi milagrosa, el borojó. Ese informe, en un noticiero como el Nacional que tenía una enorme audiencia en todo el país, generó mucha reacción entre la teleaudiencia. Entonces tuve que hacer un segundo informe, y el borojó gustó aún más y generó mayor curiosidad.

Pedro me llamó a su oficina y me sugirió que siguiera con ese tema, que era un tema que tenía mucha aceptación, y hasta me aconsejó que cambiara mi nombre por el de Pilar “Borojó” Hung, cosa que me pareció muy graciosa. Por supuesto, no cambié mi nombre, pero seguí con una serie de informes sobre la fruta revelación y desde entonces el borojó se volvió famoso, todos querían probarlo, se popularizó de tal manera que ya se vendía en Cali en muchas esquinas, en jugos y tantas otras formas y hoy son muchas las familias que viven de esa pepa extraña que apareció de repente en el panorama nacional.

Pedro era sin duda un visionario. Sabía detectar dónde estaba la clave para que algo funcionara, sabía “ver” lo que se venía, sabía convertir algo normal, en algo extraordinario.

Así era Pedro Chang.

Fue, de cierta manera, un poco mi maestro de “comunicación” fuera de las aulas universitarias, y eso sucedió muchísimo antes de que se convirtiera en decano fundador de la Facultad de Comunicación y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali. Porque Pedro fue sin duda un gran comunicador. Espero que se haya sentido orgulloso de su primera alumna.

Amó a esta Cali que tanto quiso ayudar a través de sus campañas cívicas y a la que alcanzó a ver desmoronándose sin poder hacer ya mucho por ella, mas nos hizo un llamado a cuidarla a través de su libro Cali no te vayas (1994).

Carátula del libro Cali: no te vayas (1994).
Carátula del libro Cali: no te vayas (1994).

Por los vaivenes de la vida y los compromisos cada vez más exigentes de mi periodismo, nuestras conversaciones se fueron distanciando. Su muerte me sorprendió mucho. Partió a muy temprana edad, cuando aún tenía mucho por expresar y por enseñar.

Fue un ser fuera de lo común en este mundo que aún lo sigue recordando por todo lo bueno que dejó. Pedro pudo ser muchas cosas para mucha gente, pero, para mí, fue mi maestro, mi amigo y mi “primo”.


[1] Periodista, directora del Canal Cali TV.

Edición No 5